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Miro a mi alrededor y veo gente decidida, risueña, convencida, confiada, fuerte, acompañada, feliz
No es la primera vez que me dicen que debería narrar un libro con la historia de mi vida, con mis pensamientos y mis emociones plasmados en cada palabra que tecleo... Aún así, ¿qué sentido tendría? ¿Sirve de algo recordarme a mí misma que no estoy bien? ¿Sirve de algo ver reflejado en un escrito las barbaridades que pasan por mi cabeza cada segundo que pasa?
Hay quienes creen que esto es otra forma de auto flagelarse y regocijarte en tu propia escoria. De no querer afrontar las cosas, de no querer avanzar. Y yo, quizás, no lo veo tan así, pero la poca personalidad que me queda me dice en un susurro que quizás si les hiciese caso sería más feliz. En ciertas ocasiones intento seguir consejos, asimilar comentarios y críticas, llevar a cabo algún plan... La realidad es que no suelo echarme para atrás, y decidida hago las cosas. ¿He dicho decidida? Qué cosas, quería decir con la ansiedad recorriendo cada uno de mis poros y haciendo fuerza sobre mí para que me quede en mi zona de "confort no-tan-confort" y creándome tal sentimiento de indecisión que llego a creer que es mejor quedarse acurrucada en un rincón, llorando y desesperanzada, pero al menos, no transmitiendo malas vibraciones a nadie... No molestando a nadie.
El hecho de que me siento sola creo que no es un sentimiento sino una realidad. ¿Porqué voy a confiar en la gente? Cada vez que he decidido dar mi brazo a torcer he salido perjudicada. Quizás la gente no esté preparada para gente como yo. Quizás meramente quiere compañía que no esté enferma, que no dedique un ochenta por ciento de su tiempo a estar mal e intentar estar bien. Quizás no merecen complicaciones. Quizás no le interesa. Quizás están demasiado ocupados. Quizás el problema es mío por pensar que alguien puede querer llegar a entenderme y quererme. Porque sinceramente, veo a cada paso que doy, un rostro que me crea más desconfianza que el otro. La alegría que me corroe cuando veo que puedo hablar de ciertos temas con una persona es la misma que se me va al instante, cuando caigo en la cuenta de que quizás, simplemente quieran conocer mis debilidades para terminar hiriéndome más.
¿Pero más? ¿Más de lo que me hiero yo a mí misma? Creo que no son hechos aislados. Creo, o quiero creer, que en algún punto de mi corta vida fui confiada, creí en mí misma. No necesitabas más que ver mi rostro sonriente cuando explicaba anécdotas o cosas que había aprendido y asimilado a la velocidad de la luz tras haber leído un libro. ¿Qué fue de mí? ¿Cuándo dejé de quererme tanto? ¿Cuándo empecé a ser mi peor enemiga?
Me cuesta creer que nada tiene sentido sin alguien con quien compartirlo. Ni tan sólo tu familia. La soledad es buena a veces y la sé disfrutar, pero en exceso no hace más que dejarme en compañía de mis tortuosos pensamientos. Uno tras otro discuten con mi parte coherente o con la poca autoestima que me queda para convencerlos de que no valgo. De que tal y como se me ha demostrado hasta ahora, soy inferior en todo sentido.
Tras escribir esto los ojos se me llenan de lágrimas oscuras, el efecto del agua que sale de mi cuerpo con el rímel barato que llevo mancha la camiseta blanca que llevo puesta y que en el fondo sé que me hace ver gorda. Miro hacia abajo, observo mi barriga, mis muslos. Me palpo los brazos y noto como no soy sólo hueso como era hace unos años, tiempos en que era extremadamente infeliz. No quiero volver a eso, pero estar conduciendo en esta carretera al borde del coma etílico, también me está matando.
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