Una carta
No sé si escribo esta carta para despedirme de ti, para huír de este romance fugaz que empezó solo para ser un fracaso más; o para empezar de cero. No te conocí el día que me senté a tomar café contigo a la luz de una vela, creo que te conocí mucho antes. Creo que sabía lo que sentías cuando capté por primera vez tu mirada, una de esas pocas veces en las que yo estoy dispuesta también a alzar la vista. Café, besos. Dicen, dicen que el amor huele a café. También comentan que a veces es bueno escribir aquello que sientes si no eres capaz de ser claro y conciso en voz alta. Creo que en eso somos polos opuestos, en eso, y en casi todo el resto. Yo, temeraria. Tú, cobarde. Y es que te envié fascículos de mi vida, sinteticé mis problemas en meros minutos para que no tuvieses que perder el tiempo conmigo: porque aunque no lo creas, mi mayor complejo no es mi físico, sino el temor a ser un estorbo. No para ti, para todos. Y es que te envié mensajes dejándote tiempo para ver si podíamos...