Una carta

No sé si escribo esta carta para despedirme de ti, para huír de este romance fugaz que empezó solo para ser un fracaso más; o  para empezar de cero. No te conocí el día que me senté a tomar café contigo a la luz de una vela, creo que te conocí mucho antes. Creo que sabía lo que sentías cuando capté por primera vez tu mirada, una de esas pocas veces en las que yo estoy dispuesta también a alzar la vista. Café, besos. Dicen, dicen que el amor huele a café. También comentan que a veces es bueno escribir aquello que sientes si no eres capaz de ser claro y conciso en voz alta. Creo que en eso somos polos opuestos, en eso, y en casi todo el resto. Yo, temeraria. Tú, cobarde.
Y es que te envié fascículos de mi vida, sinteticé mis problemas en meros minutos para que no tuvieses que perder el tiempo conmigo: porque aunque no lo creas, mi mayor complejo no es mi físico, sino el temor a ser un estorbo. No para ti, para todos. Y es que te envié mensajes dejándote tiempo para ver si podíamos volver a sentirnos por un par de horas, no sólo tu mano, sino toda tu presencia. Tus labios, electrificantes.
Claro que sabía, desde un principio, que no iba a salir bien. Quizás ese fue el problema, ser tozuda, creer que el amor se hace poco a poco, y no sólo en la cama. Y no sólo tomándome la mano y comiéndome la oreja. Aunque eso sí que lo sabía yo, pero tú no lo tenías claro. Y los te quiero tan bajitos que no los oíamos ni nosotros. Y el aceptar los sentimientos impulsivos del otro, y apreciar que en ese momento, yo te llenase con más intensidad. Entender que quizás no era lo que querías decir.
Y sonaba Ottis Redding de fondo, porque sé que te gusta. Y ponerme una camisa para recibirte, porque sé que te encanta. Y dejarte que me vaciles, una , dos, tres veces, pero no más. ¿Porqué quieres herirme? ¿Porqué hay un fuero interno que te lleva a hacer todo lo opuesto a lo que realmente quieres? Deja la racionalidad a un lado y dime, por un instante, si no te verías, hoy, conmigo. No mañana, no pasado ni el año que viene, ahora.

Y qué difícil es dejar ir, y qué tan estupefacta quedarme al notar que, tan solo decirte que me voy, tus respuestas sean banales y frías. No va una, van dos. No te engañes, no te aclaraste, sabes bien lo que quieres, pero quieres quedarte en lo fácil, en lo monótono, en lo seguro. 

Y yo, que soy, además de cabezona, el caos hecho persona, no puedo con tanto martirio. No puedo ser el tren que se queda en la estación eternamente, esperando a que abras los ojos y le des una oportunidad a esto. No con palabras, con hechos. Porque lo tienes claro, sabes que me estaba ahogando con tanto sentimiento atorado , y aún así, lo has ignorado. ¿De verdad te importo? Yo, insistente, ya no sé cómo demostrártelo, y hablo, y hablo. Y todos estamos ocupados cuando hay algo que no queremos afrontar. Entonces me quedo hablando, sola, conmigo misma, sumida en mis pensamientos.

¿Qué te ha hecho pensar, que no he depositado confianza en ti? Lo quieres oír, no puedes simplemente apreciarlo. Que te dediqué tiempo, energía, ganas, ilusión. No quieres, no puedes. Estás ofuscado en tu egoísmo.

A veces no puedo negar que soy egoísta, y pido , y exigo, atención. Pero, ¿porqué merezco menos? ¿Merezco sentirme una molestia? Estaré, seré fiel, te apoyaré, reiré, pero cuando yo estoy sumida en un mar de lágrimas, no estás. A veces te desapareces , y no entiendo porqué. Porqué luego intentas arreglarlo cuando nuestras pieles se rozan. O quizás sí lo sé, y es más claro que el agua cristalina, pero yo, tozuda, no lo quiero ver. 

Hace daño, hace daño que quiera mostrarme tal y cómo soy y que tu respuesta sea que mejor me guarde esos sentimientos más profundos, para mí. Respóndeme, ¿cómo quieres que confíe en ti?

Te deseo lo mejor, espero que seas feliz, pero no a costa de otros, que seas feliz, pero sin yo verlo, poque serían como gotas de limón sobre una herida abierta. Es difícil irse cuando no lo ves claro, cuando estás aferrado y sabes lo que quieres, cuando quieres sin ser querido, cuando has tenido que marchar tantas veces. Y así, no te queda otra que seguir remando solo.

Voy a recordar cada beso, cada caricia, y cada risa. Y las echaré de menos, quiero que lo sepas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Rumbos diferentes

jpg.

Is it normal to want to disappear at times?