Mancha
Eres un vicio. El peor de todos. El que más me cuesta dejar. El que más me nubla la vista, el que más rápido me viene a la cabeza cuando las cosas se me van de las manos. Eres de lo más inmoral que hay en mí, y aún así no puedo pensar en apartarte, si no es en una esquina de la habitación para susurrarte al oído todo lo que quiero hacer contigo, allí mismo, ¿porqué esperar? Si cuando hablo contigo pierdo la noción del tiempo, me corrompes hasta tal punto que no pienso qué estoy haciendo. No me dominas, no te equivoques. Te lo puedo dejar claro en cuanto tome las riendas del bote. Mi pecho aprieta contra el tuyo, inclinas tu barbilla para mirarme, pero absorto, cierras los ojos y te dejas llevar. ¿Lo sientes? Me coges el dedo índice con la boca, que deslizo por todo tu pecho hasta encontrar donde todo se empieza a hacer más estrecho. Ahí es cuando dejo que me pongas las manos en la espalda y me des la vuelta para tumbarme. ¿Te acuerdas? Cuando me haces cosqui...