Hunger

Había sido un día agotador. Lo único que deseaba -además de no quedarme dormida y pasarme de estación-  era meterme en la ducha y sentir como cada gota de agua se deslizaba por mi piel. De hecho, estaba tan cansada que olvidaba que esa noche tenía visitas.

Cuando salí de mi ansiada ducha me quité los restos de maquillaje que habían quedado bajo mis ojos, me envolví con una toalla y salí del baño. Escuché el timbre: al principio, anonadada; miré la hora, por mera inercia. Ahí vi el mensaje que se asomaba en la pantalla y caí en la cuenta.

Lo hice subir, lo esperé con la puerta entreabierta mientras temblaba del frío, a la espera de excusarme para ir a vestirme. Volví rápidamente al salón, donde le había dejado esperando, mientras me terminaba de abrochar los botones de la camisa. Me dijo que parase. Se acercó, para empezar a desabrocharme el resto de los botones lentamente, uno por uno; mientras me susurraba al oído si me parecía bien si por esta vez nos quedábamos en mi piso.

No recuerdo emitir más que un ligero soplo, cuando llegó al último botón, siguió el del pantalón. Metió su mano por encima de mis bragas de encaje y presionó dos dedos ligeramente, para empezar  a hacerlos girar y arrastrarse arriba y abajo. Traspasó el bordado para meterse en lo más hondo de mí con su dedo anular; mientras me tumbaba sobre la mesa y acababa de desnudar mi torso inferior.

Como si de un león hambriento se tratase, hundió su boca en mí, para saborear todos y cada uno de sus pliegues, mordiendo cada tanto; lamiendo cada otro. Cuando sentí que estaba a punto de explotar le pedí que parase. Me levanté, me quité el sujetador. Se abalanzó para morderme los pezones, a lo que tanto cedí como frené rápidamente. Lo empujé hacia el otro extremo del salón mientras nuestras lenguas se entrelazaban, hasta tumbarlo en el sofá. Le saqué los pantalones. La tenía muy dura: apenas bajé un poco sus boxers se asomaba su punta, que parecía que iba a descargar en cualquier momento. Comencé a besarla, poco a poco, succionando cada vez más; al ritmo que me marcaba con sus manos en mi cabeza, la ahondaba en mi garganta y la rodeaba con mi lengua. Acompañándola de mi mano, cuando estaba a punto de estallar; me cogió por las caderas y me dio la vuelta para romperme en pedazos tras tres embestidas.

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