Los años más perdidos de nuestra vida (II)
Entonces: ¿qué es lo que hay que saber de los modernistas?
Que son tipos que se masturbaban pensando en su propio intelecto, para luego vomitar encima de unos folios en blanco y querer hacernos creer en la profundidad de sus letras.
Vas duro, ¿qué te han hecho los pobres?
Azorín en particular, escribir ese bodrio de libro que tengo que leer esta puñetera noche si logro mantenerme despierto a base de…
Trescientos cafés y trescientos cigarrillos. Ya lo sé. Lo sabemos todos. Sabes que no te pasaría eso si…
“Si estudiaras cuando toca”. Que ya lo sé. Pero coño: de momento este es mi método, y funciona.
Lo que tú digas.
Qué borde eres.
Y tú un arrogante.
¿Por qué me dices eso?
Mientras el resto debíamos hacer tetris con nuestras agendas para hincar codos en la sala de estudio con dos semanas de antelación al examen, él presumía del don de poder bastarse de una atenta lectura y ocho horas del tirón para sacar no un aprobado sino una matrícula de honor. Era algo que me generaba una rabia tremenda. Sabes que dicen que hay que alegrarse de los triunfos ajenos, y más si son de un amigo, un colega - un allegado, al fin. No me salía. Ojo: también sabía que él tenía más tiempo libre que yo - por eso mismo tampoco entendía esa necesidad imperiosa de dejar todo para el último momento - y eso me hacía sentir menos culpable. Tampoco sabía si le serviría su calculado método el día de mañana en el mundo laboral, pero al fin y al cabo; no era mi problema. ¿O sí?
Convengamos que a veces nos imaginaba teniendo algo más que concursos privados de literatura. Sí, sí: concretábamos un tema y nos poníamos una fecha límite para compartir nuestros escritos. Su prosa superaba con creces la mía, pero él no lo reconocía abiertamente. Más bien, apreciaba muchísimo que yo me ofreciera a leer sus relatos , y le gustaba leer lo que a mí se me ocurría.
En ocasiones fantaseaba con que, al él bajar la hoja que yo le cedía y viceversa, nuestras miradas se encontraban mirando a los labios del otro. No sé hasta qué punto lo podemos llamar ensoñación erótica, pero me asustaba pensar en que me moría de ganas de comerle la boca: era un compañero. Nos tendríamos que ver cada día. Y pese a que yo supiese con certeza que él también se moría de ganas de besarme; temía hacer el ridículo estrepitosamente y generar la situación más incómoda vista desde que Kanye West quiso quitarle el Grammy a Taylor Swift.
No imaginas cuánto echo de menos esa complicidad. A veces creo que no volveré a tenerla con nadie... De hecho, no he vuelto a tenerla con nadie.
Sí que nos mirábamos, pero a los ojos. Luego a la boca. Sonreíamos. Él me cogía de la espalda, me acurrucaba contra su pecho y me frotaba el brazo:“¿Qué será de mí cuando no estés?”, me preguntó una vez. Yo me hacía el mismo planteo dentro de mi cabeza, pero seriamente, una y otra vez. Mientras tanto, veía cómo las palomas posaban a nuestros pies y hacía ver que calculaba el punto y hora de encuentro de comida de los gatos paseantes del patio.
Out of college, money spent / See no future, pay no rent/ All the money's gone, nowhere to go
¡No cambies de tema! Y menos para cantar. Que sabes que me embobas.
No me he alejado tanto: hablo de nuestro futuro. Es increíble como cada jodida canción de Los Beatles tenga ni que sea una estrofa para cada jodido momento - suspiré - joder, qué mal hablo.
Él se rió. Eso me mataba por dentro. O me derretía. No lo sé bien aún.
Will you give me your money?
No tendré un duro.
Tú seguro que sí, eres muy trabajadora. Confío en que encontrarás algo y subirás en la escala social. Eventualmente podremos casarnos y me mantendrás.
Le pegué con mi parva de apuntes.
Aquí el autor de best-sellers serás tú. Viviremos en un ático con una gran barra de bebidas y una habitación única y exclusivamente de bibliotecas repletas de libros de todas las épocas y géneros; grosores y colores. Bueno, menos libros de literatura española del Barroco.
¿Y El Quijote?
Bueno, a ver: hay matices.
Sin quererlo nos pasábamos más ratos de los que creíamos proyectando un futuro juntos. Claro que siempre se acogía a un tono cómico y la conversación acababa en suspiros, pero no podía evitar pensar qué sería de nosotros, tanto si algún día nos distanciábamos, como si algún día caminábamos juntos.
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