Y lo peor Es que soy Yo misma La que se da tanto asco como ser humano No puedo culpar a otros
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Mostrando entradas de 2017
Childhood memories
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It happened during the Spring break. My brother and I were in the countryside visiting my grandma. I do remember that her place was small, yet enough for us. With walls made of wood and sheet metal roof, you could listen to both the wind against it and each and every raindrop falling, like it was a serenely rhythmic melody. Grandma opened the window to have a look on us, as we were playing in the backyard. Suddenly, the smell of wet grass and a delicious stew became mixed up. It is curious how smells become indelibly imprinted on our memory, and often, just a whiff of a previously encountered smell is enough to send the mind back to even the distant past and to evoke emotions which have lain dormant for years… Although I remember myself standing up there with my eyes half closed contemplating the events, I was probably eating one big, juicy peach which I might have taken, from one of the trees that surrounded the house. When my brother saw the rainbow and noticed that i...
Mancha
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Eres un vicio. El peor de todos. El que más me cuesta dejar. El que más me nubla la vista, el que más rápido me viene a la cabeza cuando las cosas se me van de las manos. Eres de lo más inmoral que hay en mí, y aún así no puedo pensar en apartarte, si no es en una esquina de la habitación para susurrarte al oído todo lo que quiero hacer contigo, allí mismo, ¿porqué esperar? Si cuando hablo contigo pierdo la noción del tiempo, me corrompes hasta tal punto que no pienso qué estoy haciendo. No me dominas, no te equivoques. Te lo puedo dejar claro en cuanto tome las riendas del bote. Mi pecho aprieta contra el tuyo, inclinas tu barbilla para mirarme, pero absorto, cierras los ojos y te dejas llevar. ¿Lo sientes? Me coges el dedo índice con la boca, que deslizo por todo tu pecho hasta encontrar donde todo se empieza a hacer más estrecho. Ahí es cuando dejo que me pongas las manos en la espalda y me des la vuelta para tumbarme. ¿Te acuerdas? Cuando me haces cosqui...
Rumbos diferentes
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Quiero que pase. Quiero cruzarme con los ojos que le digan a mi corazón que adora las vistas que tiene. Quiero conocerte, quiero desearte. Quiero confiar y confiarte. Quiero sumarte y que me sumes. Aunque también quiero dejarte ir, que nuestros caminos no coincidan. No quiero que me hagas sentir correspondida para crear un amor tan fino como un hilo de coser, tan frágil como nosotros, tan ligero que se lo lleve el viento en una de esas tormentas que serán nuestras peleas. No quiero sentir que sos mi hogar para que te vayas por la mañana en el primer tren, y te lleves mi esperanza en el equipaje. Por eso no puedo acercarme a lo que va a ser puro arrepentimiento. A lo que va a volver cuando ya había aprendido a olvidar; sólo para destrozarme a rasguños, el alma, mientras nos reencontramos entre las sábanas. ¿Qué voy a hacer cuando degrades el significado de querer a un simple encantar? Nada, porque fingiremos ser ciegos y nunca pasará.
Antes de que oscurezca
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Después de la tristeza pero antes de que anochezca llega el vacío porque soy de las que creen que durante un día soleado la tristeza se agudiza. Porque un mal trago te ensucia las gafas: ya no ves todo de colores. Rodeada de gente más feliz pedaleo sin rumbo buscando refugio. Y yo no busco verdad, porque sé que no existe. Voy a aquel lugar donde no recuerde ya nada. Solo por un instante, mudarme de piel y respirar en tierra de nadie.
Daydreaming
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Entré a la ducha. Me miró de arriba a abajo sorprendido, no sé si porque no se lo esperaba o porque mi camiseta, ya mojada, transparentaba todo mi torso. Me llevó contra la pared, su mano subió por el exterior de mi muslo y mientras me rodeaba las caderas, acercó sus labios a mi cuello. Contuve un jadeo, le miré. Nos besamos. Una vez, dos veces, atrapando nuestros labios como si nos los quisiésemos arrancar. Me cogió con fuerza y me llevo hasta la cama, donde me quitó la camiseta. Le di la vuelta y me senté a horcajadas sobre él, que también se quitó la camiseta. Madre mía. Hasta se quitaba la ropa motu proprio. Esto prometía. Tiré el sujetador por ahí y él se acercó hasta atrapar uno de mis pezones entre sus labios. Eché la cabeza hacia atrás y metí la mano dentro de la ropa interior con la que se había acostado.
Profecía autocumplida
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La impaciencia nunca fue buena. La desesperación, menos. Y ahí empieza todo. Porque el amor es paciente, es servicial... No surge de la cobardía ni de lo molesto. ¿Qué pasa cuando las ganas de querer son tan intensas que sobrepasan tus límites? Cuando tu alma tiene tantas ganas de sentir, que intenta cazar al vuelo todos los sentimientos que encuentra a su alrededor... Cuando trata con todas sus fuerzas mantenerlos juntos y poder manejarlos. ¿Cómo hacés cuando perdés el horizonte? ¿Qué pasa cuando nadie te enseñó cómo caer, sin salir dolido, de tu propio caballo? ¿Cómo aprender, después de saber que existe la posibilidad de desplomarse; a volver a montarte y tomar las riendas? ¿Y si en la mochila que cargás en el lomo intentaste acomodar, a modo de rompecabezas, toda esa emoción acumulada? Caíste, y la euforia se fue corriendo. Pero la tristeza, que camina lento, y es menos temeraria, prefiere quedarse a tu lado. Pasaste de tener todas las sens...