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Mostrando entradas de 2020

En plan despedida

Érase una vez la noche, el bullicio el desborde, como en una eterna fiesta de solsticio. Ahora silbas entre el silencio, y las luces del camión de los deshechos; el revólver cargado y la mirada hacia un lado. No quieres verlo, ni puedes creerlo: tu castillo de naipes al viento,  reposa ya en nostálgico sentimiento. De las reuniones pasadas, las fechas anotadas, de aquel cigarrillo en tus manos, echados en el césped de los patios más lejanos. Por los anillos se divisaba el ocaso: una, y dos, y mil vidas, que nunca volverían; tras echar un tupido velo, y olvidar recorrer el mundo entero.

Los años más perdidos de nuestra vida (II)

Entonces: ¿qué es lo que hay que saber de los modernistas? Que son tipos que se masturbaban pensando en su propio intelecto, para luego vomitar encima de unos folios en blanco y querer hacernos creer en la profundidad de sus letras. Vas duro, ¿qué te han hecho los pobres? Azorín en particular, escribir ese bodrio de libro que tengo que leer esta puñetera noche si logro mantenerme despierto a base de… Trescientos cafés y trescientos cigarrillos. Ya lo sé. Lo sabemos todos. Sabes que no te pasaría eso si… “Si estudiaras cuando toca”. Que ya lo sé. Pero coño: de momento este es mi método, y funciona. Lo que tú digas. Qué borde eres. Y tú un arrogante. ¿Por qué me dices eso? Mientras el resto debíamos hacer tetris con nuestras agendas para hincar codos en la sala de estudio con dos semanas de antelación al examen, él presumía del don de poder bastarse de una atenta lectura y ocho horas del tirón para sacar no un aprobado sino una matrícula de honor. Era algo que me generaba una rabia treme...

Los años más perdidos de nuestra vida (I)

Llegué al pueblo acalorada. Por fin, después de dos meses de trabajo bajo el sol candente, podía permitirme un descanso. Ese verano había conseguido un trabajo rentando patinetes eléctricos en una playa de la costa gaditana; que si bien no me había garantizado un gran sueldo, me permitía costear el alquiler de los siguientes meses en la ciudad donde cursaba mi master. La clientela era variopinta: familias con hijos insoportables, familias con hijos entusiastas, padres que eran arrastrados por sus hijos, padres déspotas, gente mayor cuya piel parecía ir a quedarse enganchada a los asientos del patinete, muchachos jóvenes, muchachos jóvenes y guapos… En fin, un trabajo de verano, entretenido, sin más. Además, en las horas de menos afluencia, se me permitía leer, lo que extrañaba e incluso causaba gracia a mis compañeras; pero que a mí me resultaba vía alternativa, fantasía escapatoria… Y por qué negarlo, me daba cierto halo intelectual que resultaba atractivo para cierto target consumido...

Viajes...

  De una semana de diciembre de 2019 (I) Regresar Huele a café, huele a viaje: estoy en estación de Sants. Es curioso como algunos olores impresos en la memoria remiten a hechos de forma tan clarividente. Hay cola para pagar el billete, pero no me importa: regreso a casa. La gente se da codazos y empujones para encontrar asiento y sitio para dejar su maleta, yo, eventualmente, he logrado encontrar el vagón estratégico para evitar esta batalla. Reposo la cabeza sobre la ventana. Me da un poco de asco - a saber cuánta gente, con piojos y las manos sin  lavar, ha hecho eso también - pero me olvido rápidamente. Tan rápido como los párpados empiezan a pesarme. Tan fugazmente como las siluetas de los árboles hacen presencia y desaparecen ante mi mirada. Curiosamente, esto último permanece en mi cabeza y actúa como leit motif durante el resto del viaje. Así, intento buscar alguna banda sonora acorde que acompañe. Aquí se me presentan dos caminos: si la ocasión se presta - y esto qui...